Guatemala
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El círculo de violencia se repite de generación en generación.
La violencia intrafamiliar se puede manifestar de muchas formas. Una de ellas es la forma violenta con que papá y mamá disciplinan a sus hijos e hijas. La mayoría lo han aprendido como un patrón de conducta e incluso como un ejercicio normal de afecto y amor por sus hijos e hijas.

Algunas estadísticas:
- Más de 85,000 niñas y niños mueren cada año como consecuencia de la violencia ejercida, en nombre del castigo.
- A nivel mundial un 80% de niños y niñas sufren castigos físicos en sus hogares.
- 35% de niños y niñas en el mundo son disciplinados utilizando la fuerza física junto a otros utensilios.

Paso 1: Nuevos patrones de conducta
- Reconocer que tengo la capacidad de desaprender comportamientos violentos y aprender nuevos comportamientos basados en el respeto, la tolerancia y el amor y criar una familia feliz.
- Aprender sobre los diversos métodos para adoptar nuevas formas de conducta, los cuales no me dañen a mi o a mis hijos e hijas.
- Tomar en cuenta que el aprendizaje es más fuerte durante los primeros años de vida, por lo que es importante sustituir la hostilidad y la violencia por amor, respeto, comprensión y tolerancia.

Paso 2: Buscar ayuda
- Es necesario instruirme antes de poder instruir a un niño o niña.
Lo que realmente se enseña, se hace a través del ejemplo, las actitudes y las conductas.
- Es válido buscar la ayuda de otras personas para orientarse sobre situaciones que no puedo controlar.

Paso 3: Cambiar
- Cambiar la forma en que otras personas se relacionan contigo, así como mi relación con mis hijos e hijas.
- No mantener un sistema de premios y castigos, es decir motivar a mis hijos e hijas con premios, permisividad y magnificar las situaciones cuando hagan cosas buenas. Debemos aprender de las situaciones difíciles y reflexionar sobre el por qué de esas conductas.
- Reconocer que el cambio debe darse aquí y ahora.

El amor, un concepto que todas las personas conocen y relacionan con la afinidad que se tiene entre personas que se quieren o dicen quererse. Se puede interpretar como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego que resulta de las emociones, las experiencias y las actitudes. Es además una virtud que representa el reconocimiento y respecto que tiene una persona hacia sí misma, la bondad, la compasión, el deseo a la intimidad, la proximidad, el calor familiar y la unidad entre las personas.
Sin embargo puede convertirse de manera egoísta en una actitud basada en el interés individual y la rivalidad.

Existen varios tipos de amor: el personal, es el sano amor hacia una misma. Es positivo y necesario para el desarrollo de la persona e indispensable para las buenas relaciones con otras personas; el amor fraternal que nace del reconocimiento a la familia, y se manifiesta por emociones que apuntan a la convivencia, la colaboración y la identificación de cada persona dentro del grupo familiar y el amor romántico, que nace entre personas capaces de establecer relaciones de pareja, con la expectativa de que uno pueda satisfacer y dar felicidad a la otra persona. Lastimosamente se idealiza en cierto grado a la persona que genera esta expectativa y esto la puede llevar a mantenerse en relaciones violentas que en ocasiones la llevan a la muerte.
El amor debe estar basado en la confianza y el respeto a la vida, las decisiones, la atracción, la admiración, la consideración, la dedicación y la estima de las personas